miércoles, 28 de octubre de 2009

Peripecias del agua, de Julio Cortázar

Basta conocerla un poco para comprender que el agua está cansada de ser un líquido. La prueba es que apenas se le presenta  la oportunidad se convierte en hielo o en vapor, pero tampoco eso la satisface; el vapor se pierde en absurdas divagaciones y el hielo es torpe y tosco, se planta donde puede y en general sólo sirve para dar vivacidad a los pingüinos y a los gin and tonic. Por eso el agua elige delicadamente la nieve, que la alienta en su más secreta esperanza, la de fijar por sí misma las formas de todo lo que no es agua, las casas, los prados, las montañas, los árboles.






9 comentarios:

hijoeputa dijo...

Bueno, el hielo de un gin tonic mola, prefiero el de un Ballantines, y los glaciares son grandes talladores y generadores de cicatrices en la corteza terreste que nadie más podría hacer.

gloria dijo...

Gracias!!

Tan generoso como siempre en tus entradas...

Un beso enorme.

Tara dijo...

ese no saber qué quiere ser del agua, me ha recordado a la indefinición de algunas feminas... y no lo entiendo ;-)

el árbol de nieve, me apunto!

S. dijo...

todos nos cansamos un poco de ser siempre como somos

Rosalía dijo...

para cuándo otra entrada???

Jesus Dominguez dijo...

Qué tal, Prax? A ver si actualizamos... no?

Por cierto, pásate por mi blog, tío, ¡acabo de publicar mi libro!

Un abrazo,

Jesús Domínguez

jordim dijo...

el agua es muy traicionera, hay que vigilarla ...

Shang Yue dijo...

agua condensada
vapor

hielos en el vaso
sobre la piel
vapor de nuevo

Señor Brote dijo...

A ver si reapareces, que se testá petando esto de cuadradicos, pavo. :S

 
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